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Yoga para la Mujer

Posted by on Ene 17, 2013 in Practicar yoga, Yoga para la mujer | 0 comments

Yoga para la Mujer

  Introducción (Primer artículo de la secuencia)

 

Es cierto que el Yoga es una herramienta que permite a hombres y mujeres desarrollarse por igual. La versatilidad de su diseño no pone límite de género y por eso felizmente podemos prescindir de divisiones en su enseñanza.

Los yoguis y las yoguinis no “entrenan” por separado, como si fuesen a presentarse a metas distintas como los 100 metros planos masculinos y los 100 metros planos femeninos.  En yoga la “meta” está en el autoconocimiento y este es tan  accesible para ellos como para ellas. El yoga es una asignatura eminentemente práctica y experiencial.

Los antiguos maestros fueron transmitiendo oralmente sus resultados experimentales hasta que fueron creándose los compendios y los grandes tratados de yoga, como “Los Yogasutras” de Patanjali, el “Hatha Yoga Pradipika” de Swatmarama, y una lista interminable hasta llegar a T. Krishnamacharia y a B.K.S. Iyengar, nuestro guruji.

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Si han sido observadores, se habrán percatado. ¡Todos son hombres!

Así que lo que leemos de los antiguos e intentamos aplicar en clase, es una experiencia del yoga a través del cuerpo de un hombre.

Es bueno comprender y expresar la igualdad de accesibilidad en el yoga para la mujer, como en la práctica para el hombre. Lo que sería torpe es ignorar las diferencias morfológicas y funcionales que existen entre el cuerpo femenino y el masculino.

Actualmente en occidente hay más mujeres que hombres practicando yoga. Esto hace que este artículo sea más relevante aún. ¿Cómo podemos ajustar la práctica del yoga para la mujer,  y en qué  casos y momentos?

Esto va a requerir mucho más que un artículo, pero les voy a hacer un mapa inicial.

Las primeras diferencias que hay que salvar son las morfológicas. Por ejemplo la pelvis ósea en la mujer es más ancha que alta y en el hombre más alta que ancha. La proporción pelvis-fémur es diferente en ambos.  La complexión de los hombros es mayor y más fuerte en la media de los hombres con respecto a las mujeres. La movilidad y elasticidad pélvica es mayor en la media de mujeres que en los hombres. Y seguramente podría seguir y aburrirles.

Estas diferencias son notables externamente pero no influyen definitivamente en la posibilidad de practicar las mismas secuencias de asanas. Con algunos ajustes en los casos específicos en los que estas diferencias se presenten muy marcadas será suficiente.

Por ejemplo, si una mujer de muy baja estatura y pelvis muy ancha se dispone a hacervirabhadrasana I, notará que el recorrido que debe hacer su cadera al rotar la pelvis es mucho mayor que el de un hombre alto (cuya pelvis es más estrecha y su femur largo).

Ante esta desigualdad para experimentar la sensación de “cadera compacta” que debe sentirse antes de flexionar la pierna delantera, un buen profesor de yoga podría optar por desplazar su pie posterior un poco fuera. Esto disminuirá notablemente la distancia a recorrer por la cabeza del fémur y así nuestra alumna llega con la misma facilidad que cualquiera a experimentar su virabhadrasana I.

Como habrán notado, las diferencias estructurales no impiden la práctica de la misma secuencia de asanas, solo exige una aplicación adecuada de variantes en momentos y en casos puntuales. Sin embargo, las diferencias funcionales sí requieren de un ajuste de la secuencia de posturas de yoga.

Por ejemplo, debido al ciclo ovárico femenino, durante la semana de la menstruación las asanas invertidas, como shirshasana y sarvangasana,  entorpecen su flujo natural  y añaden contracciones y cólicos innecesarios.

Esto hace que durante este período, las mujeres sustituyan estos ejercicios por otros que permitan la expansión y relajación de las paredes del útero.  Las asanas de inversión en ellas, aparecen en las otras semanas tras su ciclo, incrementadas en tiempo con respecto a los hombres porque en estos períodosactúan como reguladoras de las hormonas femeninas y por tanto ayudan a que el próximo período de menstruación sea más llevadero.

En general como han visto, todos podemos practicar yoga incluso en la misma aula, pero hay que conocer nuestras diferencias para nutrirnos mejor de los ejercicios que hacemos y de las secuencias que nos proponemos desarrollar. Próximamente les ahondaré más en este tema con artículos más específicos.

Así que…  ¡Chicas! Un buen profesor de yoga, aunque sea hombre, debe tener conocimiento del cuerpo femenino y de sus ciclos y comportamiento, a fin adecuar sus clases a las necesidades  de sus alumnas tanto como a las de sus alumnos.

¿Cómo les trata el suyo?

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